Inmune explorador ante las más hermosas que te rodean, te seducen con suaves caricias, se abalanzan sobre de ti e inmutable te conviertes en menos sensibilidad que una piedra que es desolada por el sol abrazador de verano, red y frasco en mano buscas una especial entre aquellos millones, entre miles observas centenares, te decepcionas por imperfecciones que las hacen más bellas, cuando por fin aquella que quisieras atrapar, los traviesos pensamientos te arrebatan la decisión de las manos permitiéndoles que se apoderen de ti. Te llenas de culpas y negaciones, piensas y piensas, tal delicadeza no debe ser encerrada, piensas que no debe perder la mirada en su encierro por añorar extender las alas al cielo, para sentirse plena, cobarde explorador que el remordimiento te corre el alma, que prefieres verla volar en el cielo, que te prefieres ver mirando a la ventana esperando que aquella mariposa se pose sobre el quicio y te regale una sencilla alegría efímera por saberte observado a la distancia y detrás de un cristal, prefieres permitirle la libertad que es natural en los ángeles que habitan esta tierra, aun cuando cientos de mariposas luchen por entrar en aquel frio y hermético frasco como si comprendiesen que la siguiente oportunidad será la última y sin embargo te mantienes inmóvil pensando y soñando, con la libertad que goza, que nadie debe atreverse a coartarla, prefieres verla libre y feliz, con libertad, que encerrarla sin más que un destino fatal, vuelves los pasos hasta tu sitio para darte cuenta que de entre las miles, una te está esperando en el quicio de tu ventana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario