domingo, 12 de enero de 2014

Cartas a una Princesa #2

Carta 2



07 Julio 1823

Puerto de Glasgow, Yate Duncan





Querida Giselle:



Con cierta aprensión esperé su respuesta y esta no llego, temo que este viaje sera mas largo para mi que para mis camaradas,  mientras escribo se escucha el viento azotando las velas, el ajetreo en cubierta me hace devolverme a la realidad, hay mucho trabajo por delante y yo que apenas puedo si no pensar en usted, nos alejamos lentamente de Glasgow haremos una escala en Gibraltar donde me espera un buen amigo mio que me ha pedido compartir esta empresa que emprendo, creo que para ese entonces dejare algunas cartas en la oficina postal de la capitanía de puerto, por lo que le ruego siga la cronología, yo sin en cambio no podre darle una dirección o lugar donde pueda recibir noticias de usted, me doy cuenta que escribo tan impersonalmente,  quizás por que cierta decepción se aloja en mi corazón, no me mal entienda, solo es que esperaba que compartiera sobre sus sentimiento del día en que nos conocimos, se que mi insistencia podría se desconcertante,  pero quiero describirle como sucedió,  para que comprenda,  como la mas pequeña gota en el océano puede iniciar una ola de emoción.



Es sabido el rumor que ronda sobre mi desagrado por las fiestas en los grandes salones donde solo se derrocha hipocresía y desdén por aquellos que no ostentan tanto poder como otros, bueno pues es cierto,  la fiesta por el cumpleaños de Sir Walter, su tío,  seria un hervidero de damas chismosas y viejos discutiendo política innecesaria,  pero que podría hacer si no me presentaba se tomaría como insulto para el primero en la linea al trono, ademas mi prima Natalie me había hecho prometerle que la  acompañaría,  su juventud e ímpetu la tenían en vilo por entrar en el círculo de palacio, pues bien, al bajar del carruaje mi ceño fruncido logro que Natalie detuviera y me amenazara con acusarme con mi madre y yo procuro evitar los sermones, puse mi mejor cara y entramos, se hicieron algunas presentaciones de rigor en la entrada de aquel salón, yo parecía el juguete de Natalie arrastrado de aquí para allá y siendo presumido como si fuera alguna novedad científica,  entre aquel ir y  venir note un lindo cabello que enmarcaba un rostro de finas facciones y suave y blanca piel, fue lo primero que vi pues su estatura era mayor que de las personas que le rodeaban,  un grupillo señoritas criticando aquí y allá,  su sonrisa derritió el poco mal gesto que me quedaba,  cosa que fue notada por mi prima y no dudo en pensar la estrategia para asegurar la presentación tan incómoda que recuerdo y en un santiamén estaba siendo presentado a cada una de las señoritas de aquel grupo, al final cuando saludaste primero a Natalie, estuve a punto de huir pero escuche: "él es John, Duque de Burke, es mal encarado y poco sociable,  los viajes que hace no le sientan bien", acto seguido las risillas del grupo resonaron y yo solo atine a tomarle de la mano y besarla mientras miraba sus ojos y decía: Encantado. No supe que otra cosa dijo Natalie, pues mi mundo se detuvo cuando tome su mano, pero el tumulto de preguntas y comentarios me abrumaron. Como pude fui contestando cortesmente e intente acercarme a su lado, pero las convenciones sociales la fueron alejando, saludar aquí y allá. Nos fue alejando hasta que perdí su rastro en aquel gran salón.



Mi seriedad ocultó lo que pudo pero sabía que Natalie sospechaba y seria presa de su inquisitivas preguntas, así que fingí un mal estar y un enfado notorios, rogándole que nos fuéramos,  en el carruaje de regreso a casa, me dijo: "Podríamos desayunar con la princesa si lo deseas,  es amiga mía y podrías ser menos serio y misterioso sin tanta gente",  no respondí. Me llené la cabeza de peros e inconvenientes de por que no seria buena idea.



Y fue cuando decidí escribirle, me tomo un par de días enviar a mi mensajero con la carta anterior. La espera de una respuesta fue agónica y mi viaje mas estresante que de costumbre, no es un reproche mi lady, pues yo soy el culpable de mi corazón.



Me despido esta noche deseando que la luna ilumine este papel y tinta, mientras sus ojos acarician las letras que mis manos han creado para usted.



Atte: Príncipe John, Duque de Burke.

lunes, 6 de enero de 2014

Cartas a una Princesa #1

Mi querida Princesa:

Escribo estas líneas a unos dias de haberla conocido y tantas horas de pensar en verla de nuevo. Como sabe salgo en una semana a cumplir con oblogaciones de mi titulo a tierras lejanas. Sin embargo quiero hacerle saber de mis sentimientos pues dentro de mi corazón se ciernen y no me permiten ser el mismo de antes, aquella noche cuando fuimos presentados sucedió aquello que yo no creí posible, aquello que llaman flechazo, amor a primera vista, supongo que lo notó, mi torpeza al hablar, pero debera entender que el corazón actua en formas que la razón no entiende, creera que estoy desquiciado, tambien lo pensé,  pero al verla de lejos, al escucharla, al sentir su presencia, comencé a creer.

Créame cuando le digo que durante mucho tiempo mi corazón se selló, que frio y duro se volvio,  pero algo en usted revivio el latido, me hizo arriesgarme a escribirle esta carta, sabiendo que su desdén es posible y podría lastimar la vida de este secreto sentimiento.

Quiero que esta carta cause la intriga necesaria que, si bien me conoce sobrio, serio, poco expresivo y en ocasiones flemático,  dude de esas condiciones, crea en el misterio de mi silencio y que detras de mi distancia esta esperando la pasión y frenesí.


Giselle, pronto le escribiré de nuevo antes de partir y durante mi viaje, pero debera entender que necesito de su respuesta, que cuestione cada palabra que plasme en tinta y papel.


Atte: Príncipe John, Duque de Burke.