domingo, 17 de marzo de 2013

Dejé de escribirte.

Al anochecer las ideas desbordaban mis manos, se erigían hermosas palabras que dedicaba, arañaba los más recónditos resquicios de mi mente, exprimiendo hasta la última idea convirtiéndola en tinta sobre papel, muy pronto note que se volvían yertos mis dedos, inertes las ideas, callada la mente de inspiración, me descubrí evadiendo mi ingenuo arte, mi sencillo talento que apenas da para cortas líneas, enmudecía la mente con estocadas filosas directas al corazón, con inclemente destreza al sentimiento que revolvía las letras en mi cabeza, era una persecución que comencé a ganar, mientras más lejos quedaban aquellas letras, más simple era matar mi humor para sentarme a escribir, en un santiamén sentía los síntomas de aquella abstinencia, rogaba por poder derramar algo de tinta, pero no se presentaba la idea, al tiempo fue evidente que se hallaba agónica y helada la inspiración, sin justificarme la falta grave a mi amada afición, deje de pensar en regalarte algunas letras, descuide aquello que me reanimo de una segura muerte en vida, el horror acometía más elementalmente mi firmeza al sostenerme impávido ante los sobresaltos. Interpreté estos singulares acontecimientos, dilucide paso a paso cada suceso que me llevo a separarme de mis muy apreciados objetos de expresión, logre fundir en unas pequeñas ideas, que me explicaron por que deje de escribir, me abandonaron los bellos recuerdo, se marcharon los sentimientos líquidos de oscuros tonos, marchitos quedaron los ímpetus de volverte a ver, aniquilaste los sentimientos que nutrían el manantial de aquellas letras que había para ti, cerraste por tu cuenta la puerta y echaste candado desde tu sitio al lugar donde creabas papel que servía a tus manos como un caricias después de llevar las letras trazadas por mi amor a escribir, deje de escribirte, deje de amarte.

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