miércoles, 22 de septiembre de 2010

Lluvia

Tardes lluviosas que evocan al sentimentalismo, vientos que mueven lo que creías firme, agua que cae para enfriarte el alma, relámpagos y truenos que permiten que tu alma tiemble al verlos o escucharlos, sombras que no desaparecen la luz, pero si limitan la visión de los sueños, te animas a salir por la puerta y te detienes a un paso de aquella tormenta, sin embargo una gota toca tus labios, una gota de agua fresca que calma la sed que te aqueja, te das cuenta que todo aquel cumulo de desorden y destrucción da paso a una de las cosas más hermosas que el hombre tuvo la fortuna de conocer, das un paso adelante saliendo de tu refugio y de inmediato sientes como miles de pequeñas gotas de agua van mojando tus ropas, humedecen tu cabello hasta empaparlo, pones tu rostro contra el cielo mientras tus ojos están cerrados, el cielo envía caricias que ninguna mano podrá hacerte jamás, te llenas de frio tu boca jamás estuvo más saciada y húmeda, extiendes los brazos con las palmas de las manos abiertas mientras sigues andando, sientes como esas gotas de poco en poco se reúnen en tus manos como ellas no permiten perderse y se reúnen con mas compañeras para darte un sorbo sin siquiera haberlo pedido, el viento celoso de que seas tocado por todas aquellas gotas sopla fuerte para quitarlas de tu cuerpo, frustrado por ver como su fuerza solo hace que las gotas te toquen aun mas, sopla mas enfurecido que nunca para llevarse a las madres de las gotas, abres tus ojos y miras como las nubes corren en la dirección que el viento ordena, al ver el viento que ya no hay rivales que tengan tu atención, te regala una corriente lenta fría y especial para ti, te hela los huesos pero siente como acaricia tu cuerpo sientes como tu rostro comienza secarse y como el agua que queda en tu cabello forma gotas para seguir con la encomienda de darte de beber. Termino de llover y tu ahora estas mojado, pero más cerca de tu alma y de Dios.

No hay comentarios: